17/05/12

La presencia


Has querido ser otra que no existe.
A fuerza de expulsar lo ingerido
has intentado vaciarte de un yo
que no te corresponde
-porque arrastra desprecio, burla
a la piel desvalida.

El esqueleto no empequeñece,
esas caderas intransigentes.
Engulliste tus deseos
como la viuda del agua bebe ceniza
entre lluvias nacaradas.

Engullías y no bastaba como azote
el arrepentimiento.
La culpa es un arma fácilmente asequible,
no basta herir por fuera.

Tú buscabas tus órganos envejecidos,
maltratados por un tiempo sólo
tuyo, vendido como los hombros a la duda.
El tiempo hinchado, las horas ansiadas
para insertar dentro
lo que no hallas fuera.

Mira tus dientes, pobres nubes
calcinadas. ¿Qué hay del blanco?
¿y esas manchas?

Más quisiera el abominable
leopardo que te cede sus zarpas
poseer tales refugios oscuros
repartidos por la pintura
y por la mente,
por lo social y por lo propio: el desecho.

Pasas muchas horas en el baño.
El váter es el trono

de la que no te acepta.



Reincidente


Desdoblar lo propio
es tu manera de esconderte.
Careces de unicidad, amadamente
haces útil tu lamento.

Entre esas dos figuras
ha de optar quien te rodea.
Ninguna tienta, ambas vacías,
sin tu yo siquiera uniéndolas como un eslabón
entre dos asas ingratas

que juntas componen la asequibilidad
de lo bello.

No, tú desapareces totalmente,
dejas la impostura blanca
despojada de huellas
como símbolo de tu intermitente
supervivencia.

Dónde vas, allá en lo ignoto,
permitiéndome emprender la feroz búsqueda
que utiliza como móvil el desprecio
y como uniforme
la indiferencia a todo otro rostro.

Te vas y me acabas, te apoderas
del contenido
                     de esta reincidente
huérfana
               de roles.


15/05/12

Los carentes


No creo los péndulos brillantes
que visten tus ojos.
No creo la valentía de tu espalda
al acercarse,
ese suelo que intentas hacer
de mí, de mi ubicua espía.

Lo sabes, esta búsqueda,
daña mi tersura e invade mis pómulos
de un sobrepeso triste.

Intuyes cuánto me abrasa
el pecho, el ansia que me asfixia
los músculos
cuando me llevo a verte fingiendo
ver a otros

y me arrastro a casa sin la condescendencia
de una mísera sonrisa, el nulo reconocimiento
en nuestro aire.

Lo sabes todo, te ves en mi dolor
reproducido, en el arte simulado.
Me sabes y no palias.

Este mundo no es el de los ciertos,
es el de los carentes portadores.


27/04/12

La sonrisa utilitaria


La radicalidad nos estrecha.

Mi filtro hacia la realidad carece de condescendencia. Acepta o rechaza. Jamás tolera.

En la nevera no había más que una caja de huevos. En el congelador pan congelado desde hacía no sé cuánto tiempo, integral y blanco; otros tiempos calcados, reiteración continua o frustración creyente. Partí hacia la frutería. Olía bien dentro, atmósfera fresca y joven. No corrompida. Tomates, una piña, manzanas, un melón. Creí que aquellos alimentos habrían de salvarme, olvidándome una vez más de mi demonio interno.

Ahora presiento que la juventud es un lugar de paso, una mentira necesaria para creer en la durabilidad de la efusión de belleza de la vida, para cargar las pilas que nos harán continuar hacia adelante hasta colmar la propia existencia, la juventud demacrada. Una vez dentro se descubre su lado oscuro, su trampa. El futuro adquiere una materialidad no moldeable. Entristece. La sonrisa utilitaria.

No volveré a ser fértil.



11/03/12

Contención


¿El rechazo
contiene al desprecio

o el desprecio
contiene al rechazo?


09/03/12

Las proyecciones


Los aprendices sedientos al inicio de las clases
partimos hacia casa con las vértebras rígidas
el secreto doblado entre los dientes
los hombros afilados de inevitabilidad
y un polvo que hace mate
el placer aún tumbado en la lágrima.

En nuestra soledad revivimos la técnica
ahora en nuestra manos, esculpimos
sobre nuestro vientre la tarea de los instructores.
La noche cuya manta nos intima con nuestro propio ocultamiento
no hidrata el despojamiento no sacia al yo conjunto
no nos devuelve más que la apertura de los órganos
y un impulso hacia a la imagen

que hemos de crear cada mañana, cada encuentro,
frente a un sujeto que no existe
o para el que no existimos más que como piedra
por otros moldeable.

Aquello que motiva lo imaginario
no ha de ser maestro del consuelo.

08/03/12

Desaprendizaje


Cuando todo esto acabe
tendremos los ojos en la mano
y una boca en cada ojo

y el amor se llamará Ansia.



23/02/12

Si alguien arriba


Me mantengo arropada entre las paredes del vaso. Ellos dicen que da igual afuera o dentro, que son cristalinas y transparentes. Yo les digo que no, que la opacidad es un flujo indefinido que se siente, un filtro aportado por la oscuridad nonata, la experiencia interminable.

Prefiero un ver tergiversado a una igualdad reprimida, a quedarme acostada sobre la prevención de lo claro. No, este mundo no es el de los ciertos, es de los carentes portadores.

En mis sábanas adopto la cordura, la coherencia de una irrealidad deficiente, ansiosa de materialidad. Allí me mantengo, absorbiendo lo imposible, alimentando estas pupilas triangulares, el impar insostenible.

No soy agua pero por permanecer en el interior del vaso voy haciendo de mis brazos, a cada soplo, unas tenazas líquidas que nada alcanzan. Pero señalan. Al menos lo que tienta motiva las yemas de mis dedos, los alza hacia la imagen.

Sólo mediante un contrapicado haré de mí materia amada, si alguien arriba. He de mirar, servirme del cuello. Quién arriba.


10/02/12

Teatro al mediodía


Por las rejas de mi ventana
observo el tendedero: prendas vacías,
sumisas a la forma de los cuerpos.
Las camisas de mi padre
y de mi hermano, mis bragas.

No hay ropas de mi madre.
A los blancos, apagados azules
y grises anima un trapo
de cocina.

La pared está sucia
y sobre el suelo una maceta y una planta
podrida, un cubo y una fregona.

Yo estoy acostada en el silencio,
señalada por el sol,
robando sentido a las imágenes
para extrapolar sus leyes a mi reino.

La puerta se abre
tres veces. Entran todos
y mis ojos quedan de nuevo
filtrados
por la máscara de niña y de asco.

Salgo de mi habitación
para apagar el horno.
En la mesa cara a cara

todo está muy bueno.


A los hombres


Por razón maternal
-según algunos señalan-
lo he probado todo pronto.

Yo presiento a esa raíz más profunda,
un conjuro de los dioses
a los que gusta dar cobijo
para luego abandonar, corrompidos,
a sus aprendices.

Es esta tierra infértil
que me quema
de la que creo extraer vida.
Son esos labios carentes de nombre
gemelos
los que me nacen una noche
entre mil muertas.

Es un cuerpo líquido
al que no acierto, una fuente
de palabras compradas
por no gastar las propias
-rígidas, no ensanchadas.

Un pecho frío pese a la presencia.

Un río de sonrisas que no creo
y un tórax que se funde
instantes previos al hielo.

Ahí encontrarás mi cara,
mi papel viviente sólo a veces.

Y tras el telón una niña cansada
de este juego,
unos ojos abiertos
y vacíos

en los que no cabes.